Fachada de farmacia con balcones tradicionales
Interior de Farmacia Real 101
Enero 2026
Localización
Ferrol (A Coruña)
Dirección
Real, 101
Categoría
Equipamiento
Farmacia
Superficie
41 m²
Fotografía
Héctor Santos-Díez
Estanterías de madera junto al muro de piedra original

Farmacia Real 101

Esta farmacia de tradición familiar experimenta un renacimiento arquitectónico a escasos metros de la plaza del Ayuntamiento de Ferrol. Ubicada en la planta baja de un edificio histórico de 1880, el proyecto surge de la necesidad de dar forma a una nueva manera de atender y recorrer el espacio, enfrentándose al reto de multiplicar la sensación de amplitud en un local de 41 m².

El espacio interior se articula a partir de una coreografía entre la luz y el límite. Para desdibujar las barreras visuales, se ha generado una piel translúcida de vidrio acanalado que, intercalada con estanterías, actúa como diafragma entre el área pública de venta y las salas de uso interno. Como antítesis a la rigidez del pasado, el pesado mostrador que anteriormente monopolizaba la superficie ha desaparecido. En su lugar, emergen tres puestos de atención exentos, integrados orgánicamente en el espacio, promoviendo un diálogo mucho más directo y humano con el usuario.

Interior de Farmacia Real 101 con muro de piedra y mostradores de madera
Planta arquitectónica farmacia
Curva del techo sobre las estanterías

La intervención aprovecha su privilegiada situación en esquina para perforar la fachada históricay recuperar un nuevo acceso. Este gesto estratégico transforma radicalmente el uso del lugar: la farmacia se convierte en un recorrido permeable. En el techo, una curva subraya esta intencionalidad, un salto topográfico que acompaña la circulación y dibuja en el aire el flujo natural de entrada y salida de los visitantes.

Muro de piedra recuperado con umbrales de madera
Corte a medida de las estanterías para encajar con la piedra del muro

En este escenario, la materialidad se concibe como un diálogo de tiempos y texturas. Por un lado, la madera de las estanterías aporta el peso y la calidez, configurando marcados umbrales que enmarcan el paso de una estancia a otra. Estos elementos conviven con la honestidad de la piedra del muro original, rescatada del olvido tras despojar a los muros de sus capas acumuladas, dejando a la vista la historia del edificio.

Frente a esta rotundidad, aparecen destellos de ligereza materializados en finos planos de acero que hacen de baldas. Además, para dar respuesta a la escala contenida del lugar, el diseño emplea cortinas textiles como delimitadores etéreos. En áreas como la zona de nutrición, estas telas permiten que el espacio mute, se abra o se aísle, adaptándose a distintos usos con un simple gesto.

El proyecto es, en definitiva, todo fluidez, luz y memoria; una obra donde conviven el respeto por la herencia histórica y la vocación de sanar desde la arquitectura.